Una ventana que roza al abrir, una manilla que gira en vacío o una corredera que hay que empujar con las dos manos son molestias que se van tolerando hasta que un día la hoja deja de cerrar. Con la llegada del otoño, además, cualquier desajuste se traduce en corrientes de aire, entrada de agua con las primeras lluvias y más gasto en calefacción.
La buena noticia es que la reparación de ventanas resuelve la mayoría de estos problemas sin necesidad de cambiar la ventana completa. En Persianas Julio atendemos cada semana avisos de este tipo en viviendas y locales de Madrid, y en este artículo repasamos las averías más habituales en ventanas de aluminio y PVC, por qué se producen y cuándo conviene llamar a un profesional.
Las averías más habituales en ventanas de aluminio y PVC
Aunque cada instalación es distinta, casi todas las incidencias que encontramos responden a alguno de estos casos.
La ventana roza o no cierra bien
Es la avería más frecuente en ventanas abatibles y oscilobatientes. Con el uso y el peso del vidrio, la hoja se descuelga unos milímetros y empieza a rozar en la parte inferior o a no encajar en el marco. Suele resolverse regulando las bisagras y los puntos de cierre, una operación rápida si se hace a tiempo. Si se sigue forzando, el herraje acaba dañándose y la reparación se complica.
Manillas flojas, duras o bloqueadas
Una manilla que baila o que no vuelve a su posición indica desgaste en el mecanismo o en la cremona, la pieza interior que mueve los cierres. En las oscilobatientes es habitual que la hoja quede abierta en dos posiciones a la vez por una mala maniobra. No hay que tirar de ella: lo correcto es recolocarla con cuidado y, si el fallo se repite, revisar el herraje.
Correderas que se atascan
En las ventanas correderas, los responsables suelen ser los rodamientos y el carril. El polvo, la arena y los restos que se acumulan en la guía desgastan las ruedas hasta que la hoja deja de deslizar. Limpiar el carril ayuda, pero cuando los rodamientos están gastados hay que sustituirlos. También es frecuente el fallo del cierre de la corredera, que deja la ventana sin asegurar.
Entrada de aire y de agua
Las juntas de goma y los burletes pierden elasticidad con los años y los cambios de temperatura. Cuando se endurecen o se cuartean dejan de sellar, y aparecen corrientes y silbidos los días de viento. Si lo que entra es agua, conviene revisar además los orificios de desagüe del marco, que se obstruyen con facilidad, y el sellado exterior entre la ventana y la fachada.
Condensación entre los cristales
La humedad que aparece por dentro del doble acristalamiento, donde no se puede limpiar, indica que la cámara ha perdido su estanqueidad. En ese caso el vidrio ha dejado de aislar como debería y la solución pasa por sustituir el acristalamiento, no la ventana entera.
Por qué no conviene esperar
Una ventana desajustada rara vez se queda como está. La hoja que roza termina deformando el herraje, la junta que no sella deja pasar humedad que acaba afectando a la pared y al suelo, y un cierre que no funciona es un problema de seguridad, sobre todo en plantas bajas y locales. A esto se suma la pérdida de confort: el aire que entra por una ventana que no ajusta obliga a la calefacción a trabajar más durante todo el invierno.
Actuar cuando aparecen los primeros síntomas casi siempre significa una reparación más sencilla y más económica que la que será necesaria unos meses después.
¿Reparar o cambiar la ventana?
Es la duda que más nos plantean. Como norma general, compensa reparar cuando el perfil y el marco están en buen estado y el fallo se limita a herrajes, juntas, rodamientos, manillas o vidrio. Son piezas que se sustituyen y devuelven a la ventana un funcionamiento correcto durante muchos años.
La sustitución empieza a tener sentido cuando el marco está deformado o dañado, cuando ya no existen recambios para ese modelo o cuando se trata de carpinterías antiguas con vidrio sencillo que no ofrecen el aislamiento que hoy se espera de una vivienda. Si estás en ese punto, puede ayudarte nuestra comparativa sobre puertas y ventanas de PVC o de aluminio. Y si lo que buscas es aprovechar mejor un espacio exterior, quizá te interese conocer qué aporta un cerramiento de terrazas.
Mantenimiento básico para alargar la vida de tus ventanas
Unos pocos cuidados reducen mucho las averías:
- Limpia los carriles y los desagües del marco un par de veces al año, especialmente después del verano.
- Lubrica herrajes y bisagras con un producto adecuado, sin excederte y evitando grasas que atrapen polvo.
- Revisa las juntas y límpialas con un paño húmedo; si están rígidas o rotas, hay que cambiarlas.
- No fuerces la manilla ni cuelgues peso de la hoja abierta.
- Atiende los primeros síntomas: un roce o un ruido nuevo siempre tiene una causa.
Preguntas frecuentes sobre la reparación de ventanas
¿Se puede reparar una ventana sin desmontarla?
En la mayoría de los casos, sí. La regulación de herrajes, el cambio de manillas, juntas y cierres se realiza con la ventana colocada. Para sustituir rodamientos o vidrios basta con retirar la hoja, sin tocar el marco.
¿Se pueden cambiar solo las juntas?
Sí, siempre que el perfil esté en buen estado. Es una intervención sencilla que mejora de forma notable el cierre frente al aire y al agua.
¿Qué hago si la ventana se ha quedado abierta y no cierra?
No la fuerces. Intenta acompañar la hoja hasta el marco sin golpearla y avisa a un profesional. Una maniobra brusca puede romper el herraje o descolgar la hoja.
¿Reparáis también puertas de aluminio y PVC?
Sí. Trabajamos con puertas y ventanas de ambos materiales: bisagras, cerraduras, manillas, cierres y ajustes en general.
En Persianas Julio ofrecemos un servicio de reparación de puertas y ventanas de aluminio y PVC pensado para resolver la avería de forma rápida y duradera. Si alguna de tus ventanas ha empezado a dar problemas, ponte en contacto con nosotros y te indicaremos la mejor solución antes de que llegue el invierno.